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Ladines | Caso | Asturias

El Parque Natural de Redes, al sur de Asturias, teje su paisaje con verdes, agua y silencio. No hay uno igual que otro porque la luz juega a despistar las pupilas y la paleta de colores se vuelve inabarcable. Redes no tiene fronteras y desborda los mapas. En sus 377 kilómetros cuadrados de superficie se contiene un Universo.

Tierra fértil de pastos, vegas como la de Brañagallones que acogieron a ganado y pastores desde hace decenas de siglos; saltos de agua como la cascada del Tabayón, rutas senderistas como la del Alba y Los Arrudos, que discurren entre murallones y hayedos. El Parque es Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 2001. De su superficie total, casi la mitad es masa forestal. Pero el paisaje no abruma, sino que acompaña.

Todo en Redes es agua. De la embalsada en los pantanos de Tanes y Rioseco surge la luz y el calor. Está plagado de fuentes, lavaderos y regatos; de viejos molinos que la corriente movía; de ríos, lagos y riegas, arroyos y regueros. Y entre el agua, con ella y por ella, la vida que estalla.

El Parque está surcado de venas de agua, que se entrecruzan y nutren. La mayor parte de ellas conformarán el cauce de un río sagrado, el Nalón, padre del bosque, compañero de mina por el que aguas abajo, camino de la mar, circulaban las chalanas cargadas de carbón. Pero en Redes el Nalón es casi un proyecto entre robles, castaños y tejos. Árboles que beben de un río que nace en el cielo.

En las entrañas del bosque, reinando sobre las demás especies, se levanta el haya, árbol longevo, de piel suave y ramas como abrazos. El haya -la faya- cubre las laderas del parque y en otoño lo convierte en un espacio mágico, un tesoro dorado y efímero de tonos cambiantes y hojas al viento.

Cuando la niebla cae, el bosque despierta. Cuentan las leyendas que seres tímidos y etéreos surgen entonces de los rincones vegetales y se hacen dueños de la espesura, de un paisaje que en realidad les pertenece. Bailan, juegan, corren y ríen, pero solo hasta que la nube se disipa. Apenas se dejan ver salvo para las más limpias miradas.

En Redes las hojas de calendario se visten de color. Quienes habitan en sus valles conocen la llamada tenue de la lluvia y traducen los tonos imprecisos del cielo. Es un arte complejo este de intuir el orbayu y el viento, la tormenta y, tras ella, la calma. La Naturaleza nos da pistas, el vuelo de las aves alerta y los árboles hablan. Para los ojos gastados de tanta belleza, los de las gentes que pueblan los mundos del parque, hasta los silencios del entorno informan del porvenir.

Caso y Sobrescobio son los dos concejos asturianos que comparten el espacio de Redes. Conservan ambos un ecosistema social cercano y amigo, como manos tendidas. La vida en sus pueblos sigue marcada por el sonido de campanas y cencerros, la llamada mañanera de los vendedores ambulantes, el ladrido de los perros y las risas del recreo en las escuelas rurales que aún pueblan su geografía. Son sonidos del alma, que nos acercan a eso que algunos llaman felicidad

Los pueblos conviven con la naturaleza en buena armonía. Esta tierra que huele a montaña caliza está habitada desde hace milenios. Paraíso de caza y pesca, rincón al abrigo de peligros, montes generosos, lluvias que alimentan… Redes se disgrega en mil nombres que humanizan la cartografía. Tanes, Caleao, Bueres, Govezanes, Orlé o Felguerina… pero el verdadero hogar está en los rumores del agua que salta, en el viento entre las hojas. Dicen que cuando la Naturaleza nos habla es bueno aguzar el oído y, por un momento, cerrar los ojos.

No hay mejor ruta que aquella que nos conduce a nosotros mismos. Hay en Redes donde elegir. Los caminos están señalizados solo para tranquilidad del andarín, y lo demás corre a cuenta del viajero. Siguiendo el curso de los ríos o apuntando a la cima de las montañas.

Y, por fin, Ladines. Pueblo deslumbrante; de blanco en invierno, de vida en verano. Allá donde acaba la carretera, allá donde el hombre es un invitado. Veinte casas, una iglesia, un bar, un columpio. Mil buenos días, miel, piedra, pan recién hecho. Al lado de todo, lleno de nada. Silencio, silencio, silencio.

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